Me hacen cuestionarme
si las bestias realmente existieron.
Minotauros, bailarinas y payasos.
Terciopelo, lazos y esqueletos.
¡Gracias por mostrarnos estos escenarios fantásticos!
Ahora quiero saber
a quién
siguen mirando
con esa determinación, con tanto ensañamiento.
¿Qué siguen diciendo
con los gestos de la cara?
¿Qué tanto conozco este palacio?
¿Y en qué momento se desató este conflicto bélico?
Siento que la Venus
me tira
una mirada sugestiva,
atrevida, mientras se ducha.
Algarabía en el museo.
Me sacan
de este escenario poético
con requisitos arbitrarios:
"llevá la mochila para adelante", segundo aviso.
Me molesta, no me parece nada práctico
tener que andar haciendo equilibrio
cuando vengo escribiendo en un cuaderno.
Y mientras más lo pienso,
más me parece hipócrita la idea
cuando estoy viendo retratos de gente volando.
Contemplo cierto dibujo de las nubes
que me dan la sensación de ya haber vivido esto...
Estoy seguro de haberlas visto,
o hasta diría, de haberlas pintado.
¿Cómo hicieron para ablandar el mármol,
o será que hicieron el camino inverso?
¿Ablandaron el mármol
o endurecieron el cuerpo
para que se preserve por siglos?
Lo que una escultura nos demanda
no es menos que tener que completarla:
nos pide
rodearla con la vista para poder apreciarla.
Es injusto que el beso de Rodin
no sea continuamente tocado.
Es injusto que no haya nadie festejando,
que no haya nadie abrazándose, llorando a cántaros.
Si me concentro en las esculturas,
puedo viajar hasta la antigüedad
y pensar en la dificultad de representar los ojos.
Quizás sean mejor con color, quizás con vidrio.
Quizás con incendios.
Las estaciones del año producían el mismo efecto
en el renacimiento como en este mismo momento.
Un marco puede ser una ventana a través de los años.
Han sabido representarnos
el brillo
de los animales del campo,
las miserias de los acaudalados
y el tesoro de los campesinos,
mezclándolos.
Joyas, ciervos y rastrillos.
Las anunciaciones de El Greco,
la puerta de tantos misterios:
Vienen del cielo.
Puedo distinguir como un experto
el trazo de tantos,
hasta con los ojos cerrados.
Rubens, Gauguin, Rembrandt.
Podría incluso diferenciarlos del resto
hasta si sus cuadros tuviesen el tamaño de una caja de fósforos.
Me da escalofríos
darme cuenta de que es posible diferenciarlos
entre todas las civilizaciones del planeta Tierra.
Hay una convivencia
del talento destinado y los caprichos humanos.
Hay un diálogo en cada artista, ese consejo propio.
Hay un filtro que define el sentido,
en pos de lograr algo diferente,
que es de la gente.
Estas galerías están infravaloradas.
Hay algo del alma del artista
que queda impregnada,
que es interminable
en cada obra.
Puedo afirmar hoy con plena convicción
que cada visión tiene algo mundanamente mágico,
y que este mundo, como el arte, está repleto de milagros.
Al museo de Bellas Artes.