Se hacía de noche
y fue el guante del uniforme que visto
el que quebró cada candado entre mi voz y vos.
Signos, laberintos, se enredan en mis dedos
como serpentina:
son las fibras de la inventiva abriéndose paso,
moviéndose de lado a lado,
buscando ese camino que lleva hasta tu centro.
El día menos pensado,
las palabras, las texturas, no sólo serán mías,
y cuando lleguen hasta vos,
habré dejado un puñado de infinito entre tus manos.