Cuando “el caudal” ansíe el derrame,
tarde o temprano sucederá lo inevitable:
se volverá a sí mismo incontenible.
¿Pero qué pasará cuando se enfrente
con una “fuente indestructible”?
¿Qué pasará cuando algo intente frenarle?
Aquel acto simplemente
será un mal chiste:
Las estructuras comenzarán a agrietarse
tornándose inestables, vulnerables,
aunque intenten resistirse.
Y cuando los diques colapsen,
y los embalses rebalsen,
desbordarán sus aguas por todas partes:
Cada gota se sabrá insostenible.
No existe una fuerza invencible
que le pueda poner un límite
que sea capaz de apresarle,
porque no se puede detener un deseo inagotable.
Basado en “la paradoja de la fuerza irresistible”.