no lo supimos hasta que ya estuvo cumplido.
Había un propósito distinto al de los dos.
11/11, nos vimos.
La patente que me señaló, del auto estacionado,
(3 números idénticos, consecutivos),
el mensaje que dejaron en su maceta, más temprano,
la altura de la v1v1enda en la que nos detuv1mos un breve 1nstante.
Aparecieron ciertos signos. Los números marcaban una especie de sendero.
Parecían
generarse
ecos.
Frenamos casualmente en un puesto de libros que tenía una mesa en la vereda.
Y los abrimos.
Nos leímos poemas de manera casual.
Recibí un mensaje de "mi amigo, ese santo griego",
que se encontraba solitario, perpendicular al resto.
Ella eligió un libro amarillo, y se lo dí como obsequio.
Charlamos, nos quedamos un momento y después nos despedimos.
Habíamos quedado en vernos, la misma noche, más tarde,
pero eso no pasó.
Necesité descansar todo un día para entender lo que había sucedido.
La situación fue tan sorpresiva que quizás no.
Quizás fue alguno de los títulos que la interpeló,
en el momento en que su voz se volvió diferente,
cuando encarnó de repente a esa 'carta de tarot',
diciéndome además que ella no tenía el control.
En el transcurso en el que yo me iba a mi casa,
ella escribió un poema de la muerte, dictado por la muerte.
Esa parte de la charla digital me sacudió tan fuerte,
que aún estando solo y encerrado,
las puertas dentro se me abrían solas, por el viento;
y en mi mente,
sentí terror,
y el shock,
cuando me habló de una conexión nuestra,
(que sí existió),
pero en ese contexto la charla era demasiado siniestra
como para ponerme a sacar cuentas.
Comprendí el asunto de su anterior muerte
y la manera de comprenderla...
pero eso tuvo secuelas.
Al atravesar su historia, también tocó mi trauma y eso me afectó demasiado,
a poco de conocerla.
Mi imposibilidad estuvo en no hacer pie en aquella charla
y la suya de no notar que algo me estaba pasando.
Ella se reía de mi consternación.
Ese propósito avalaba
la altura de la v1v1enda en la que nos detuv1mos un breve 1nstante.
Aparecieron ciertos signos. Los números marcaban una especie de sendero.
Parecían
generarse
ecos.
Frenamos casualmente en un puesto de libros que tenía una mesa en la vereda.
Y los abrimos.
Nos leímos poemas de manera casual.
Recibí un mensaje de "mi amigo, ese santo griego",
que se encontraba solitario, perpendicular al resto.
Ella eligió un libro amarillo, y se lo dí como obsequio.
Charlamos, nos quedamos un momento y después nos despedimos.
Habíamos quedado en vernos, la misma noche, más tarde,
pero eso no pasó.
Necesité descansar todo un día para entender lo que había sucedido.
La situación fue tan sorpresiva que quizás no.
Quizás fue alguno de los títulos que la interpeló,
en el momento en que su voz se volvió diferente,
cuando encarnó de repente a esa 'carta de tarot',
diciéndome además que ella no tenía el control.
En el transcurso en el que yo me iba a mi casa,
ella escribió un poema de la muerte, dictado por la muerte.
Esa parte de la charla digital me sacudió tan fuerte,
que aún estando solo y encerrado,
las puertas dentro se me abrían solas, por el viento;
y en mi mente,
sentí terror,
y el shock,
cuando me habló de una conexión nuestra,
(que sí existió),
pero en ese contexto la charla era demasiado siniestra
como para ponerme a sacar cuentas.
Comprendí el asunto de su anterior muerte
y la manera de comprenderla...
pero eso tuvo secuelas.
Al atravesar su historia, también tocó mi trauma y eso me afectó demasiado,
a poco de conocerla.
Mi imposibilidad estuvo en no hacer pie en aquella charla
y la suya de no notar que algo me estaba pasando.
Ella se reía de mi consternación.
Ese propósito avalaba
cada cosa que pasó,
y era inevitable,
como una lección que tenía que pasar
y no
podía
esperar.
Un 'memento mori' personalizado,
como una especie de regalo.
Eso fue lo más valioso que pude rescatarle.
Y si, nos estamos muriendo,
y yo ya sabía que es el miedo
tan o más movilizador que cualquier otro motor,
pero así y todo, lamento mucho todo esto.
Lamento creo, que por un momento
creí que habría otros encuentros esperados.
Pero ahora es parte del pasado,
tal y como me marca mi maestro:
No se puede mirar atrás.
Ojalá de verdad haya tenido un sentido toda esta secuencia.
Ojalá, a pesar de tremendo desencuentro,
deseo
que haya flores en su vivero
que le reflejen pétalos en su frente,
(sé que habita en ella ese talento).
Esto es todo lo bueno que puedo expresar,
de esta pasada por este portal de experiencia.
A Leila.
como una lección que tenía que pasar
y no
podía
esperar.
Un 'memento mori' personalizado,
como una especie de regalo.
Eso fue lo más valioso que pude rescatarle.
Y si, nos estamos muriendo,
y yo ya sabía que es el miedo
tan o más movilizador que cualquier otro motor,
pero así y todo, lamento mucho todo esto.
Lamento creo, que por un momento
creí que habría otros encuentros esperados.
Pero ahora es parte del pasado,
tal y como me marca mi maestro:
No se puede mirar atrás.
Ojalá de verdad haya tenido un sentido toda esta secuencia.
Ojalá, a pesar de tremendo desencuentro,
deseo
que haya flores en su vivero
que le reflejen pétalos en su frente,
(sé que habita en ella ese talento).
Esto es todo lo bueno que puedo expresar,
de esta pasada por este portal de experiencia.
A Leila.
Escribí esto para darle un cierre simbólico a algo que supo significarme, en pos de sumar algo que sea verdaderamente valedero.
La conocí personalmente una tarde despejada, en su vivero. Días antes veníamos coordinando el encargo de una planta para mi oficina. Yo buscaba refrescar ese espacio, quería una renovación.
Me movilizó que haya tantas coincidencias, el gusto por los detalles, la personalidad pintoresca y amable, el lado teatral y poeta, que nos sintiéramos un poco de otro planeta y la predilección por los sombreros.
Antes de salir por primera vez, me había preguntado si nos conocíamos de antes. Había una insistencia extraña y misteriosa con eso y creo que no pudimos deducirlo.
También me repitió más de una vez si recordaba haber escuchado "cierta frase", (una frase de Séneca).
Dos días después del que sería nuestro último encuentro, esas mismas palabras fueron dichas por la profe Sol en mi clase de teatro.
Algo que me gustó mucho de conocer a Leila, algo puntual, fue cuando supimos coincidimos en un código común, al elegir decirnos una mentira previa a contarnos la verdad de algún asunto, averiguando primero qué podíamos inventar, eso me divirtió mucho.
Me explayo en este encuentro porque fue todo un hallazgo dar con alguien que me logró estimular, saliendo de lugares comunes, más allá de esas personas que no me inspiraron demasiado, de relaciones más duraderas pero truncas, de romances clandestinos y otros desacuerdos geográficos.
A raíz de esto, como balance, me perdono por haberme desarmado, y confío en quien puedo ser, en lo que puedo hacer, en mi buena fe, mi sensibilidad, mí fortaleza y mi transparencia. Me nutro y hago lo necesario para mantenerme en equilibrio y afianzarme, aún en esta época.
Reconozco que esta situación me golpeó, y aunque un poco reniego de eso, creo que puedo entender que fue algo que en algún punto, estaba necesitando. La vida es un misterio que, sin prisa pero sin pausa, estoy recorriendo, todos los días.