9.4.17

OURA BOROS

Muerdo
la piedra,
acaricio
la llama,
alimento
a la bestia
que encierra
a la jaula.
¡Precioso
afuera!,
¡es hora!,
la oí decir
al salir.
Jadea
y se ríe.
Se acerca;
algo se trae.
Nunca se sabe
que está por hacer:
Quizás se tranquilice
cuando lance su ataque.
La indomable creatura
no entiende palabras,
no sabe este idioma.
No resulta sencillo
poder entenderla.
Encontré la forma
y aprendí su lengua:
clamando el rugido
y soltando su soga.
Ese grito salvaje,
impredecible,
ondulante,
resuena
hasta
acá.
¿Oís
su voz
poderosa?
Bestia gritona,
nunca parés,
gritá, seguí.
La bestia
glotona
se come
el hambre.
Todo devora
en pos del arte:
deglute personas,
le gusta la carne.
Me tiro a su boca
a modo de ofrenda.
La bestia se llena,
se contorsiona
y se excita.
Acaricia
la llama.
Acerca
montañas.
La bestia
que habita
en la prisión
de mis costillas.


A la serpiente Uróboros.