Venís de repente,
con tu calidez de siempre,
─tan graciosa─ tan llena de vida,
siempre sonriente,
ante el mundo y su estructura.
Vos lo vencés
y lo guiás, a la abertura,
con alegría.
Lo que el mundo necesita
son ambiciones simples,
y yo creo en tu sonrisa.
A Audrey Hepburn.
No me acuerdo a qué película corresponde este poema.