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Hay una razón
para estar acá:
Desesperación.
No hice un plan para ésto.
Debe ser una pesadilla,
tiene que ser eso.
Cómo fue que pasó...
no lo sé.
En el medio del miedo,
me encuentro despierto
siendo yo,
tratando de salirme,
y no hay manera.
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De verdad creí llegar,
estaba muy confiado.
O fue esta ingenuidad
la que me dio
la falsa sensación
de seguridad.
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Cerrándole la puerta al pánico,
que me espera afuera.
Pasó ya un milenio desde febrero.
Ya pasó un mundo por el agujero
y es apenas, ahora,
cuando la pena del mundo
me sujeta por las muñecas,
a través del cerrojo.
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Sé que había hecho un gran esfuerzo
para no ceder,
para no fortalecer el puente neuronal
entre la creatividad y la pena.
Sacrifiqué obras enteras,
dejando un bache creativo enorme
en el historial de este año.
No me importó
más que lo que transité.
Pero hoy estoy en otro lugar,
en el que necesito reconocerme,
aunque parta desde el dolor.
Esta vez no sé
qué es lo que viene después.
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Estoy evadiéndome,
junto con
la culpa,
la responsabilidad,
el enojo,
la frustración.
No lo creo.
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Escribir como forma de no desaparecer,
Y si desaparezco, por lo menos, escribí.
No me voy a ir.