Más allá del miedo que me genera no saber
cuándo voy a volver a salir
a lugares,
de extrañar las plazas, los museos y los bares,
de querer compartir más mates con gente random,
de las similitudes de este escenario con algún film de zombies,
de los celulares cargandosé sin fin en habitaciones,
de las siestas sin dormir en las que miré videos de conspiraciones,
más allá de mi hipocondría ambulante-oscilatoria,
y pese al miedo a no morir,
pensé,
que el sol es constante
aún en la tormenta más amenazante,
pese a que no lo podamos ver ahí.
Es un pensamiento cursi, si.
¿Te cuento algo curioso dentro de este caos?
Puedo decir, por ejemplo,
que nunca estuve tanto tiempo sin ponerme un jean.
Tengo una esperanza basada en nada
de que pronto volveremos
a tosernos en las caras,
y a pasarnos la lengua por las manos.
Lo habitual.
Exagero. Miento.
Presiento
que nada va a volver a ser como lo vimos antes.
"Caricias significativas" desde Buenos Aires, Argentina.