23.9.12

EL DIVINO LAZO

Un sueño ya mío,
ninguna extrañeza,
lo ya conocido:
ahí estabas vos
eras mi mundo dormido.
Cambiamos de roles
en relación a lo vivido
hace unas horas:
Yo me dormía y vos
me mirabas.
En mi último reflejo
tomé tu mano,
lenta y suavemente.
Tomé tu mano
para no perderme...
-Estaba a salvo-.

Vos, mi refugio,
el divino lazo:
mi paz interna,
mi alma exterior...
Mi querida
canción.


A Noe.

HOY

Cuenta regresiva
de cientos a uno.
El vértigo. Las agujas
ya desarticuladas
nos ven andar,
cada hora, cada nota,
cada paso,
y despertamos.

Comenzar, de una vez
y para siempre
en un mismo instante:
Caminar las palabras
(o escribir los caminos)
con aire, con gracia;
en mil latidos,
de corazones
propios y ajenos:
conjuntos.
Traducir esa emoción,
contenida en ondas,
expandiéndose
en el viento sonoro
hasta alcanzarles.
-Tan perfecto…-.

Recibidos por el día,
la vuelta iba completándose.
La espera se desvaneció
en cada cambio,
donde las pasiones
se conducen.
Ha llegado el día.

Emocionarse,
improvisar, revivir
y construir un nuevo presente
tan ideal.

La primera verdad
es hoy y es ahora.
Éste es el lugar que imaginamos,
donde nadie nos alcanza.

Abrir el cielo
y emprender el viaje.
Hoy todo es nuestro.
¡Y vamos!


A Abril y Pentacromía.