Sé que me preparaste,
aún sin saber que casi muero hace poco más de un año,
cuando recibí ‘el balazo’.
Te debo esto.
Te debo tanto.
Todo te debo.
Sólo el cielo sabrá las cosas que hicimos para aliviarte.
En este tiempo en el que estuve sin hablar, entendí mucho.
Creo haber encontrado mayores sentidos.
Todo lo que aprendí en el camino fue necesario
para poder mantener esas últimas charlas.
Y vos, volviste por un rato a ser vos,
para acercarme los últimos consejos, tan certeros,
aunque un poco abstractos, pero pude entenderlos.
Gracias por enseñarme tanto.
Gracias por cada uno de los gestos.
A mi mamá.