cuando se intenta conseguir,
aunque sea
una poca,
una mínima
porción
de estabilidad,
y viene,
una mínima
porción
de estabilidad,
y viene,
y no para de golpear,
de manera incesante,
la marea emocional?
¿Qué hacer
ante el 'efecto mecedora',
ante eso que se parece
al balanceo en línea recta
de un vaso con agua,
justo debajo el cerebro,
y que se mece hasta volcar?
¿Qué hacer cuando vienen
las olas personales,
tomando impulso,
desde el fondo,
bien desde atrás,
desde la nuca o más lejos,
y rompen, líquidas,
contra los globos oculares?
¿Qué hacer cuando arremeten,
en cualquier lugar y momento,
en el trabajo, en la calle,
en un semáforo,
o frente a las vías del tren?
Dejar que pasen.
Que saquen lo que tengan que sacar.
Vienen al afuera, empapadas,
fotos que saqué con mis propios ojos,
momentos de la infancia que son maravillosos,
¿Qué hacer
ante el 'efecto mecedora',
ante eso que se parece
al balanceo en línea recta
de un vaso con agua,
justo debajo el cerebro,
y que se mece hasta volcar?
¿Qué hacer cuando vienen
las olas personales,
tomando impulso,
desde el fondo,
bien desde atrás,
desde la nuca o más lejos,
y rompen, líquidas,
contra los globos oculares?
¿Qué hacer cuando arremeten,
en cualquier lugar y momento,
en el trabajo, en la calle,
en un semáforo,
o frente a las vías del tren?
Dejar que pasen.
Que saquen lo que tengan que sacar.
Vienen al afuera, empapadas,
fotos que saqué con mis propios ojos,
momentos de la infancia que son maravillosos,
sumándose también a otros más próximos:
las meriendas con alfajor, mirando la tele,
el autito de juguete que elegí, y que conservo,
el show de magia de mis primeras memorias,
un oso hecho en casa y un pulóver,
los castillos de barro en el patio,
las tardes de tarea junto a mi maestra,
casi todos mis cumpleaños,
un portarretrato de madera pintado a mano,
el acercamiento a los primeros libros,
un álbum entero sólo dedicado a los abrazos,
y tanto, tanto, tanto más.
Esto no es nostalgia,
son presentes continuos
que vienen de allá atrás,
desde ahora,
a visitarme,
las meriendas con alfajor, mirando la tele,
el autito de juguete que elegí, y que conservo,
el show de magia de mis primeras memorias,
un oso hecho en casa y un pulóver,
los castillos de barro en el patio,
las tardes de tarea junto a mi maestra,
casi todos mis cumpleaños,
un portarretrato de madera pintado a mano,
el acercamiento a los primeros libros,
un álbum entero sólo dedicado a los abrazos,
y tanto, tanto, tanto más.
Esto no es nostalgia,
son presentes continuos
que vienen de allá atrás,
desde ahora,
a visitarme,
en forma de agua con sal.