Brillos, arabescos,
se ocultan fuera de la noche,
distantes,
dentro de la boca dentada de una montaña,
que espera dormida
y con hambre,
con la elegancia de las trampas.
Es el afán de los ladrones.
Se cuenta
que sólo quien sepa
bailar sobre la mesa,
saltar de techo en techo
balanceándose con sogas,
esquivando escupe-fuegos,
podrá hacerse
con la mayor de las riquezas.
Pero no es tan sencillo
y tampoco lo aparenta.
Hay una de las joyas
que se destaca entre los premios,
y es esa
la razón aparente
de incontables cuentos
de muertes
de valientes delincuentes.
Dicho requisito,
el encantamiento,
es 'el oriente'.
Las tentaciones son iguales,
pero llevan a muchas otras direcciones.
Mantas conjuradas,
turbantes, brazaletes
y castillos.
Una voz desde afuera señala el camino
hacia el trigo limpio.
“Para llegar hay que volar con humildad y sed de hazañas”.
“Lo específico, se ilumina en el instante”.
Los pies sobre la alfombra,
el rumbo fijo.
El esfuerzo prenderá la lámpara,
con ingenio azul, más azul que cualquier zafiro.
La fuerza en la empuñadura liberará al genio
para que cumpla este deseo.
La lámpara encendida,
lo concedido.
Inspirado en "La lámpara de Aladino".
En las películas, pero principalmente en el recuerdo
de las ilustraciones de un libro antiguo que tengo guardado.
Siempre me llamó la atención, causándome algo extraño.