No le saco la ficha,
no termino de amoldarme,
no termino de afirmarme que enseguida me fusilan,
no paro de confesarme que me dan con guillotinas,
y me cuelgan.
Me prenden en la hoguera
antes de contar que soy el brujo al que vinieron a quemar.
¿Acaso creyeron que acabarían con mi vida
usando sogas y cuchillas,
que al dejarme en carne viva, así de fácil pararía?
Están mal.
Como verán, sigo acá,
quemado y en cenizas,
cortado, como papel picado,
atado de pies y manos
sin poderme liberar
de los pesados candados,
(o así parecería),
deteriorado del desgaste
de intentar e intentar estar a salvo,
¿en vano?,
mutilado y ya sin las partes,
desintegrado,
pero pudiéndome parar,
en sentido figurado.
Hay un motivo
para saberme aún entero,
porque no soy la vida
de este brujo, ni el humano,
ni los pasos que me guían.
¿Acaso lo sabían?
Éste es el truco:
¡yo soy la brujería!
11.11.19
DIMENSIONADA
Un gran puño
presiona
todo mi cuerpo horizontal
sobre mi cama
con una fuerza imparable.
Sufro una embestida,
una paliza.
Siento sus nudillos
como yunques con espinas,
sobre mi pecho,
entre mis costillas.
No respiro
y me hunde,
como en nubes de azufre,
más y más densas,
hasta la asfixia.
Me confunde
tanto ensañamiento.
No puedo entender,
No puedo detener,
lo que no sé qué es.
Con vehemencia me sujeta,
me revolea al suelo,
me levanta en vuelo
como si fuera un muñeco.
Me desespero
y me mareo.
Golpeo en seco las paredes,
y le duele al cemento.
Me aprisiona
en una esquina a oscuras,
haciéndome dudar hasta de mis sombras,
que me abandonan,
(o se las queda entre sus huellas).
De repente,
un movimiento me devuelve la razón,
pero no lo festejo.
Recupero mi estatura,
mientras la figura me suelta
en un agujero,
y después se va
perdiendo
en el intento
de molerme hasta los huesos.
Y ahora
me empieza
a doler
la ausencia
de la anestesia,
de querer
o de pensar
fuera de escala,
aquel instante gigante
que/é me noqueó
sin saber
porque/é
no estaba a la altura.
presiona
todo mi cuerpo horizontal
sobre mi cama
con una fuerza imparable.
Sufro una embestida,
una paliza.
Siento sus nudillos
como yunques con espinas,
sobre mi pecho,
entre mis costillas.
No respiro
y me hunde,
como en nubes de azufre,
más y más densas,
hasta la asfixia.
Me confunde
tanto ensañamiento.
No puedo entender,
No puedo detener,
lo que no sé qué es.
Con vehemencia me sujeta,
me revolea al suelo,
me levanta en vuelo
como si fuera un muñeco.
Me desespero
y me mareo.
Golpeo en seco las paredes,
y le duele al cemento.
Me aprisiona
en una esquina a oscuras,
haciéndome dudar hasta de mis sombras,
que me abandonan,
(o se las queda entre sus huellas).
De repente,
un movimiento me devuelve la razón,
pero no lo festejo.
Recupero mi estatura,
mientras la figura me suelta
en un agujero,
y después se va
perdiendo
en el intento
de molerme hasta los huesos.
Y ahora
me empieza
a doler
la ausencia
de la anestesia,
de querer
o de pensar
fuera de escala,
aquel instante gigante
que/é me noqueó
sin saber
porque/é
no estaba a la altura.
a las
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