Estoy sintiendo tan agradecido.
Ahora encuentro tan tranquilo.
Mis ojos lloran al espacio
por sentirme alivianado,
quitando-me vacío.
Más temprano me metí en la cara lágrimas de plástico.
Estaré compensando tantos sacrificios.
Este es mi espacio
en el que me mantengo exento
de todo el ruido.
Un cuarto blanco,
la pared de los sombreros
y los diálogos
fijados, de canciones y teatro en la entrada del cuarto,
generando un marco.
Exhalo
desde lo hondo del cuerpo.
Tengo ahora la nariz tapada.
Expulso el aire en poderosas bocanadas.
Se me desinfla la panza en cada exhalada.
Mis plantas me agradecen por el intercambio de alimento.
La estatua de mi diosa en la repisa luce viva,
entre la selección de libros y la naturaleza expandida.
Esto está pasando acá, en el medio de esta cama,
bajo la lámpara del átomo.
Tengo incorporada en la memoria, una meditación guiada,
varias en realidad, todas interconectadas.
Las refresco y las traigo a este rato,
evocando
desde lo más alto de mis pétalos,
por el tallo, hasta la raíz de mis talones,
todos los mandatos.
Allá bajo.
Entro en el centro de mi templo
y agradezco
por tener un suelo
pudiendo nutrirme a diario
y estar aprendiendo
que "cuando un fruto está hecho,
hay que soltarlo al universo
para que llegue a buenas manos,
como un regalo abierto".
De ahí es que vengo,
Entro en el centro de mi templo
y agradezco
por tener un suelo
pudiendo nutrirme a diario
y estar aprendiendo
que "cuando un fruto está hecho,
hay que soltarlo al universo
para que llegue a buenas manos,
como un regalo abierto".
De ahí es que vengo,
y desde acá me brindo.
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