14.5.20

DESCARHADES

Cómo lamento no haber desempacado ni una campera de abrigo, todavía.
Esta noche sí que hace frío.
Aparezco, distraído, en el bote,
escuchando una playlist que me preparó Caronte.
Me ajusto los auriculares, subo el volumen,
tomo un remo y lo revoleo,                                               bien                                               lejos.
Me rebelo.
El barquero me mira, extrañado,
sorprendido y decepcionado por mi mal comportamiento.
Había ganado su confianza y quizás su aprecio.
Le acompañé en sus misiones en muchas otras ocasiones,
pero eso ya no importa.
Y me imparte su golpe fulminante con el remo, casi arrojándome al Lete.*
Me sostengo de donde puedo, y le digo:
"¿Notaste que los peores castigos
son aplicados a quienes procuran obrar para el bien,
pero ante cualquier error, a la primera equivocación,
son igual de despreciados que los verdaderos tiranos,
pese a todo
ese
grandísimo
esfuerzo?.
Quizás estoy exagerando, ¡pero estoy cansado!
¡Protesto por ellos!, grito.
Reniego por mí,
porque la boca me supo a metal todo este trayecto,
me quejo
del ardor de los callos en las manos,
ocultos bajo esta sangre oscurecida, seca y sucia".
Caronte ordena su barba corroída y me responde:
"Sabés muy bien lo que va a pasar si te bajás del bote".
Y lo sé.
Pero también oí los rumores,
mitos de héroes que lograron convencer 'al Bajomundo'.
"Sé que estás cumpliendo con tu oficio,
intentaré no generar complicaciones, te lo prometo".
Escupo la moneda** justo al lado de su pié y arremeto:
"No me culpés, sabés muy bien que no estoy muerto".
Salto hasta el muelle, sin mirar atrás.***
Atravieso el marco y una parte de la ciudad,
y vuelvo.
Le agradezco a Hades, porque sé que puede oírme
y me concedió el regreso,
para decir
lo que el río no podría jamás llevarse.


Caronte y al Dios Hades.
Junto a Orfeo, para él.

*Río.
** Óbolo de Caronte.

***Referencia a la experiencia del descenso de Orfeo,
quien perdió a Eurídice por volver la vista hacia atrás.
Gracias, a todos ellos.