Pies blancos
de un mundo dormido,
quedas al descubierto
conmigo.
Cuerpo de astro celeste,
cuna viviente de festejos,
arcos y navíos;
reposas
en las olas bravas,
te dejas ver
en el verde de un prado,
y en la sentida palabra
donde te escribo:
Bajo esta oscura noche
de signos audaces
y constantes delirios
he de revelar
el horizonte,
la pasión
y el sentido.
Ya no hay olvido
ni temores, porque
todo ha de transformarse
en flor,
en racimo,
en camino.
Es este segundo continuo,
la misteriosa verdad:
el único instante
vivo.
A las maravillas del Bellas Artes.