pero decidí hacerle frente
a algo diferente,
expandiéndome de la casa.
Llegué a una dirección señalada,
toqué el portero y me abrieron.
No conocía a nadie y aún así me invitaron a que pase.
Se me ofreció elegir un asiento,
comenzamos a orar y de repente apareció... Mariana.
Y ahí estaba frente a mí, otra vez, Mariana,
y en mi mente, sonaba su canción.
Nos reencontramos después de meses.
Ella me invitó pero debió haber sido una sorpresa
porque nunca le confirmé mi asistencia.
Y ahí estábamos, "cantando",
uniendo las voces en una misma oración,
en esa frase japonesa de un mantra.
Ella, casi al final, se vino a mi lado
y me ayudó con la punta de sus dedos
a seguir la lectura de los textos cuando se me complicaron.
Se me ofreció elegir un asiento,
comenzamos a orar y de repente apareció... Mariana.
Y ahí estaba frente a mí, otra vez, Mariana,
y en mi mente, sonaba su canción.
Nos reencontramos después de meses.
Ella me invitó pero debió haber sido una sorpresa
porque nunca le confirmé mi asistencia.
Y ahí estábamos, "cantando",
uniendo las voces en una misma oración,
en esa frase japonesa de un mantra.
Ella, casi al final, se vino a mi lado
y me ayudó con la punta de sus dedos
a seguir la lectura de los textos cuando se me complicaron.
Llegando al final,
me cedieron el honor
de hacer sonar al cuenco las tres veces.
Después, la ceremonia terminó
y nos pusimos a conversar unos momentos.
De fondo,
la lluvia no paraba.
la lluvia no paraba.
Al salir,
convenimos en irnos en la misma dirección
y la dueña de la casa nos ofreció un paraguas.
La cara de felicidad de Mariana de ese momento.
Ahí decidí acompañarla.
Traté de ser caballero,
así que la fui cubriendo todo el trayecto,
mientras que íbamos caminando sin ningún apuro.
y la dueña de la casa nos ofreció un paraguas.
La cara de felicidad de Mariana de ese momento.
Ahí decidí acompañarla.
Traté de ser caballero,
así que la fui cubriendo todo el trayecto,
mientras que íbamos caminando sin ningún apuro.
Eso estuvo bueno.
Una vez que llegamos
nos quedamos otro rato,
ahí, charlando, pero bajo techo,
y después nos saludamos.
Ya abajo,
Una vez que llegamos
nos quedamos otro rato,
ahí, charlando, pero bajo techo,
y después nos saludamos.
Ya abajo,
esperando el subte, empapado ,
me abstraje pensando en lo que había pasando.
Un rato después me di cuenta,
que desde el otro lado,
que desde el otro lado,
de frente, ella me estaba mirando.
Me saludó con la mano y me mandó buenas intenciones por mensaje privado.
Creo que estaba pensando
que fue extraño este resultado:
realmente volver a encontrarla,
caminar con ella
y estar siguiéndole el hilo.
Fue divertido,
pero todavía más expansivo.
Ahora me digo,
me invito
a querer ver
qué más contiene
este ovillo...
A Mariana.
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