Una vez detonó algo
tan fuerte dentro de mí,
que no hubo
modo de silenciarlo:
golpeó mi pecho y me
uní a su ritmo,
despabilando a cada uno de mis sentidos.
Y en su latido desordenado, todo el frenesí
de los días
agitados que están por venir.
Tan
grandioso lo creí a este hallazgo,
que en un libro intenté guardarlo,
sin detenerlo, sin desarmarlo,
y a su misterio de algoritmo
y
a su dureza de rubí.
¡Tambores míos,
háganse oír!
(Caligrama).
Poema para el taller literario de Carla Demark.