13.8.20

LA EJECUCIÓN

No tengo ya más
intenciones
de querer
volver
trapecio al desprecio,
lira a la ira,
fiesta a la bestia,
que es, 
que está, 
alienándose sin ninguna autorización,
fugándose, 
entregándose al boicot,
sin mi consentimiento,
sin control,
volviéndose el ciclón
que no
fue
pronosticado
y que va en aumento,
alimentando su sed
con espamentos,
brotando bruma,
bramando espuma
por todos los poros,
despotricando desventuras,
desatando potros endemoniados
a lo largo de campos
mansos y prolijos,
para dejarlos devastados,
para que no vuelva a crecer, ya, ahí,
ni por asomo,
ni un brote,
ni un ápice de vegetación,
en el futuro… 
En el futuro,
la civilización le temerá a las ventiscas,
como quien huye de un malón de diablos,
con prisa,
pudor
y pánico, 
siendo víctimas
de pesadillas auto-inducidas,
las más mal habidas,
las jamás imaginadas
por las mentes inocentes,
de esas
que disuelven golondrinas
en la intemperie,
bajo la primavera inadvertida.

La bestia ya suelta,
no depara en nada,
no le interesa,
no se fija, 
y escupe
innumerables maldiciones
sobre las pestañas del olvido,
que, perverso,
pero aún así, ingenuo,
creyó 
que con el sólo hecho 
de haber utilizado su hechizo
de sueño eterno,
habría logrado zafarse
de recibir los daños
que este ente
es capaz de proporcionarle. 
Su error fue confiarse, 
creyó que no le heriría nunca
la bestia esta... 
Cometió una grandísima equivocación.
Cualquier intención
de matarle tibiamente,
devendrá en desgracias,
según las advertencias,
basadas 
en las evidencias
del desgaste,
las dolencias 
y 'demases'.

El desastre se vuelve inevitable
cuando 
se le da de beber
un puñado de sangre,
unas cuantas gotas diluidas en mares,
a las pirañas emocionales.
El alimento, 
afirmo,
no es otra cosa que el sacrificio
del canibalismo, 
en total por ciento.
El resto es lo insondable.

El destierro
es el premio concedido
a quienes caen
en el instante
previo
al salto.

Finalmente,
el olvido 
podrá ser perdonado, 
y se irá,
quizás,
pero no sin antes
recibir el regalo de este flagelo, 
siendo su único remedio 
beber el veneno, 
de su propio veneno,
el frasco entero,
para intentar salvarse, 
así, del remordimiento, 
jugando a la suerte con lo inminente,
tirando los dados,
cruzando los dedos,
orando a equilibristas,
concedan la oportunidad del comienzo nuevo,
al filo de la cuerda,
pero ahora desde el piso, 
donde el equilibrio es ilusorio,
y los peligros son otros.

Admito
que tentar al precipicio
es todo lo que conozco.
(Y busco).

El triunfo y el fracaso son igual de absurdos.
Pero la tiranía es real,
y la bestia es leal.

Algunos procesos
pueden desbaratarse,
deshacerse
y hasta transformarse,
pero
esta ejecución,
con los efectos 
de estos versos 
ya no podrán 
detenerse 
jamás. 

SIN TÍTULO B

una a a dios
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no pinturas
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