en una esquina de esta habitación,
murmurando algo.
Ya no se esconde, me está llamando,
dice que viene
a sembrar los campos.
Sus uñas como ganchos
se clavan fuerte en la pared,
de la que cuelga su cuerpo blanco.
Y no se mueve,
está tranquilo, agazapado.
Yo lo contemplo desde donde estoy,
porque hay algo en ese ser
que no me alerta.
Simplemente lo observo
mientras me mira,
como invitándome
a conocer su cometido.
Oigo su discurso.
¡Dice que puso
en mi cabeza
su vil semilla
por orden de un diablo,
y que no hay modo
de remediarlo!
¡Que soy fragmento
de un campo-humano!
¡Que el brote crecerá
en mi interior
y me irá cambiando,
y que saldré como él
a arañar las noches,
esquina por esquina,
milla por milla,
cráneo por cráneo,
incansablemente!
Intento reaccionar…
...
...mientras me vuelvo pálido.
A Charles Baudelaire.
Gracias por "Las flores del mal".
A Charles Baudelaire.
Gracias por "Las flores del mal".