24.3.17

LOS HURACANES

Bajé la guardia esa vez
y me hice pedazos
como una copa de vino,
quedando tendido
entre cerámicas rotas,
filosas de dudas,
que me cortaron la boca.
El hastío asesino
que desdobla laberintos
con frío y espanto,
aprisionó a mis huracanes
en un estado de coma.
¡Pero no me importa!,
me digo, porque puedo
desintoxicar mi organismo
de los aburridos pasillos
que intenten trazarme.
Abrazo a mis sombras,
pulverizo mis vidrios,
e invoco al dinamismo
que acelera el remolino
que me vuelve aire.