El tiempo pasa. La vida pasa.
Un solo de guitarra*, punzante hasta dulce.
Una base electrónica en larghetto.
Los sonidos pasan. Todas las cosas pasan.
Las puertas abiertas… y pasan.
Ya no cierran.
Las ideas cambian.
Las agujas trazan
el dibujo del tiempo:
cíclico, elemental.
Diez minutos de canción,
que no son,
que son más porque se repite,
pero igual pasa y se termina.
Todo pasa.
Todo pasa, pero algo queda
en mi frágil memoria
y entre las brasas
de la conciencia:
Notas indefinidas
y mil maneras
de actuar
para no vivir en vano.
Lo esencial
es sentirse realizado
antes del olvido.
El curso existencial
de la materia…
…está en tus manos.
Para leer con "Wayne", de *John Frusciante.