Empecé soñando. Mi familia me despertó con un abrazo. Anoche mi perro se quedó al lado mío, mirándome. Después se acostó al lado de la cama, sobre la alfombra. Vaya uno a saber porqué se enrarece la atmósfera cerca de las tres de la madrugada. Esta mañana me abrigué como un oso y salí a caminar por el parque del barrio. Tranquilo, muy tranquilo. Tranquilidad gris. Paseo calmo. Fuertes los teros, y tenues sonidos de autos fueron el marco sonoro. El pasto estaba mojado con rocío. Yo llevaba las manos en los bolsillos y ningún aparato de esos que hablan de horarios. Me sentí liviano. El aire estaba fresco. Las hojas caían y crujían en el piso. El otoño es verdaderamente bello. Por un momento me detuve, estuve quieto. Y fue entonces cuando ví el brillo, asomándose completo. Después, volvió a ocultarse. Pienso en los momentos que son perfectos. Creo que la perfección se encuentra mucho en las cosas simples. Está ahí.
Son cerca de las 9 am. Todavía no desayuné. Primero tuve que tomar el cuaderno, la lapicera y apuntar esto. En la mesa reposa una tijera así que aproveché para quitarle el borde pinchudo a la birome. Ahora no me duele. Pocas cosas me duelen. Haberle quitado ese filo fue como un regalo, como un mimo, me lo debía, después de todo, hoy es mi cumpleaños.
Hoy, 9:33 AM.




