Estos son los pasos para cocinar un exquisito plato,
antes de que se pudran… los comensales.
La gastronomía poética puede ser algo impresionante,
un acto tan visceral como infame.
Paso 1:
Tentar al comensal con una pisca de carisma y una esencia de inocencia.
Paso 2:
Subir la temperatura "a fuego lento", mientras tentamos al alimento.
Vamos a sazonar este encuentro con condimentos frescos,
de afecto y ternura, hasta conseguir el punto justo de amargor y dulzura.
Una vez conseguido esto,
Paso 3: Quemaremos los nervios, quitaremos los huesos,
machacaremos, picaremos, y nos meteremos de un salto, en aceite hirviendo.
Escuché por ahí que tenés una carne deliciosa…
¡Pero esperá un momento! No quiero asustarte,
estoy acá para brindarte entretenimiento! Insisto. Por favor, tomá asiento…
Mientras maceramos nuestra mezcla,
me gustaría que contestes una breve encuesta:
¿Te atreverías a quebrantar el silencio con tu masticar,
durante la siesta de un chacal?
¿Cuál crees que es la diferencia entre aceptar y tragar?
¿Traes tus cubiertos o te sentís a la intemperie?
¿Podrá esta poesía cruzarte a través de los dientes?
Puedo imaginarme tu cerebro y parece ser suave.
Escuché que tus ideas son crocantes…
¿Será verdad? ¿Podrías decirme qué es lo que pensás?
Paso 4: subirse a un plato, de inmediato.
Saboreo tu exquisitez en este momento,
y consigo el añorado título de chef, (de chef poético).
Paso 5:
Después de deleitar al paladar con el manjar,
limpiar la boca, por las comisuras, con alguna servilleta.
Pedir la cuenta. Y si gustó, tener la amabilidad de recomendar.
Por lo pronto, quisiera agradecerte
por haberte convertido en mi plato preferido,
en el plato principal de este poeta-restaurant!
Ahora me siento lleno y estoy satisfecho.
Este poema culinario fue hecho
¡para chuparse los dedos!
Esta receta y más, próximamente en mi primerísimo libro de cocina.
Este texto fue completado muchos años después de habérseme aparecido.
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