Había alguien adelante, montando un elefante,
mirándola y moviéndose.
Emprendió después un viaje
por montañas de colores.
Desde ahí se oían voces familiares,
aunque no del todo identificables.
Nos tomamos de la mano, durante el paseo,
con los ojos entreabiertos,
mientras, mi otra mano acariciaba su frente.
Y conversábamos.
Mi voz más suave trataba de guiarla,
acompañando, tratando de dar calma.
Ella me compartió
eso que no sé qué es,
una visión donde la realidad está hecha de sueños.
Me dijo que no indague, que no pregunte tanto,
que no me adelante,
y que no me preocupe.
Yo simplemente quise asegurarme
de que va a estar a salvo
en ese algún otro lugar,
paralelo y tan particular,
al que se irá...
El miércoles 7/4 hubo un desfile de esferas de luz.
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