5.12.20

EL VERDOR

Mientras tanto, en algún lugar del conurbano,
entre los gritos y bocinazos de fin de año,
alguien está invocando
a chamanes de los campos,
a entidades agrestes,
expertas en el ritual originario.

Y llegan,
envueltas en cipreses,
en nueces, en mangos,
en claveles y duraznos,
polinizando, aflorando, nutriendo,
flotando con el viento fuerte del sudeste,
arrasando techos y tinglados,
arrancando postes y cableados,
desconectándonos
del entramado al que nos hemos fijado,
con tanto piloto automático.

Cada calle hecha de asfalto,
en su interior, le tiene recelo
a las hierbas silvestres,
a los yuyos siempre presentes,
porque fueron quitados 
una y mil veces, 
y nunca se extinguieron. 

Los árboles y sus humedades, 
no, no ceden
ante el falso avance, 
aunque se vea bárbaro
en su envoltorio plástico. 

Naturalmente,
el aire irá purificando
nuestras morales inmortales,
desoxidándonos las falanges,
pintándonos por completo de verde,
en un arrebato salvaje.
De verde musgo, verde pasto,
verde impresionante,
brotando,
verdeciendo,
verdadero verdor.

La savia irá envolviendo al suelo
en su milagro.
La savia irá volviendo al suelo, 
del que nunca se marchó. 

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