conocerse
y conectarse,
al abrazarse.
Encastrarse
con el pecho,
con los brazos
y con los hombros,
como si se tuvieran botones,
con si se tuviera el cuerpo entero
hecho de abrojos,
sosteniendo ese momento
sin soltarse para no hacer ruido,
procurando salvaguardar el silencio,
auspiciando el encuentro
cálido,
para quedarse.
Cómplices compases y suaves fricciones,
de las manos en la espalda.
Acariciarse sobre algodones, suena adorable.
Cubrirse y descubrirse.
Envolverse.
Los abrazos son envolventes,
y quienes les forman, vendrían a llamarse
"envolvedores".
Adoro a esos seres envolvedores,
abrazadores seriales,
que aparecen justo delante,
sin que se les llame,
que se avientan,
afrontando consecuencias,
preponderando por sobre todo, el gesto,
ese afecto palpable
que demuele ciertos límites tangibles.
El abrazo, sostengo, es un acto certero,
y hace contacto con otra parte más allá del cuerpo,
con algo más profundo y valedero,
con algo que está en el medio,
en medio de algo inexacto,
aunque perfecto:
(con el afecto).
"Abrazar para poder andar
y hacerse bien".
A esas personas que me abrazaron en estos días.
A mis hermanas y papá,
Nati, Pabli, Tía, Nati, Pame, Bri, Mati, Eddy,
(a la distancia), Fede, Sole, Isabel, Tizi, Nico, Agos, Fede, Bauti, Santy.
5ABR2021 14:05
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