Sujetar con fuerza y cortar al planeta en dos por la mitad, como si fuera una naranja.
Respirar el smog del mundo y convertirlo en aire de montaña,
en frescura de playa,
en perfume de lavanda.
Verter completa una catarata en un vaso de agua,
darlo vuelta y volcarlo a otra galaxia.
Empatizar con un fantasma y robarle hasta la sábana.
Ponerse un suéter de lana, envolverse en una frazada y meterse en un sauna.
Doblar todas las esquinas para que formen una única senda, tan larga y tan extraña,
que empiece y termine en tu cuadra.
Humedecer el enchufe hasta que dé su gran patada.
Romper el teléfono y efectuar igual la llamada.
Usar una pestaña como cuerda de guitarra.
Decir "en voz alta", en voz alta.
Imaginar una palabra hasta perder la forma humana.
Persuadir a la humanidad de hacer la paz con una lanza.
Practicar y ejercer la buena costumbre de hacer hazañas.
Escribir un poema, la noche entera y
después meterse en la cama.
Repetir siete veces a la semana.
La lapicera es la lanza.
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