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cito tramas
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mí trastoca
mira tactos
rima tactos
ritmos taca
cromatista
Sigo temblando.
Tuve mucho miedo de ya no
volver de ese estado.
Estuve a unos pasos,
sobre el nivel del suelo.
Creí que sólo eran cuentos,
mitos callejeros,
que eso sólo pasaba en películas de terror,
pero no, no fue ficción,
lo sentí en carne propia;
estuve consciente,
y puedo contarlo.
Fui salvado por un hombre blanco,
uno de los pocos seres humanos
que podría sacarme de ese estado.
No se lo pregunté,
pero sé que él también tuvo miedo.
Fui apretado, fui electrocutado
y fui liberado,
por él.
Esta es una historia real.
Casi que me pierdo.
Siento que este personaje poco conocido,
que Vladimir fue puesto en mi camino.
Dijo que
fue algo más que el miedo,
y pude verlo materializado,
pasando por la pared,
sin cuerpo.
No deliré.
Recuerdo todo con claridad:
el fracaso de los métodos tradicionales,
y al final, las oraciones.
Las seguí como a un milagro,
y después lloré, ahí, recostado.
Contó hasta siete...
y todo pasó,
gradualmente,
atravesé
esa especie de shock,
de parálisis, de adormecimiento,
de eso otro.
Entendí que estuve detenido
entre la perdición, extraviado...
Ojalá haya aprendido algo y desde este momento
pueda remediarlo.
Empecé soñando. Mi familia me despertó con un abrazo. Anoche mi perro se quedó al lado mío, mirándome. Después se acostó al lado de la cama, sobre la alfombra. Vaya uno a saber porqué se enrarece la atmósfera cerca de las tres de la madrugada. Esta mañana me abrigué como un oso y salí a caminar por el parque del barrio. Tranquilo, muy tranquilo. Tranquilidad gris. Paseo calmo. Fuertes los teros, y tenues sonidos de autos fueron el marco sonoro. El pasto estaba mojado con rocío. Yo llevaba las manos en los bolsillos y ningún aparato de esos que hablan de horarios. Me sentí liviano. El aire estaba fresco. Las hojas caían y crujían en el piso. El otoño es verdaderamente bello. Por un momento me detuve, estuve quieto. Y fue entonces cuando ví el brillo, asomándose completo. Después, volvió a ocultarse. Pienso en los momentos que son perfectos. Creo que la perfección se encuentra mucho en las cosas simples. Está ahí.
Son cerca de las 9 am. Todavía no desayuné. Primero tuve que tomar el cuaderno, la lapicera y apuntar esto. En la mesa reposa una tijera así que aproveché para quitarle el borde pinchudo a la birome. Ahora no me duele. Pocas cosas me duelen. Haberle quitado ese filo fue como un regalo, como un mimo, me lo debía, después de todo, hoy es mi cumpleaños.
Hoy, 9:33 AM.
Cómplices compases y suaves fricciones,
de las manos en la espalda.
Acariciarse sobre algodones, suena adorable.
Cubrirse y descubrirse.
Envolverse.
Los abrazos son envolventes,
y quienes les forman, vendrían a llamarse
"envolvedores".
Adoro a esos seres envolvedores,
abrazadores seriales,
que aparecen justo delante,
sin que se les llame,
que se avientan,
afrontando consecuencias,
preponderando por sobre todo, el gesto,
ese afecto palpable
que demuele ciertos límites tangibles.
El abrazo, sostengo, es un acto certero,
y hace contacto con otra parte más allá del cuerpo,
con algo más profundo y valedero,
con algo que está en el medio,
en medio de algo inexacto,
aunque perfecto:
(con el afecto).
"Abrazar para poder andar
y hacerse bien".
A esas personas que me abrazaron en estos días.
A mis hermanas y papá,
Nati, Pabli, Tía, Nati, Pame, Bri, Mati, Eddy,
(a la distancia), Fede, Sole, Isabel, Tizi, Nico, Agos, Fede, Bauti, Santy.
5ABR2021 14:05