Del otro lado, ella viene, cae,
avanza y vuelve sobre los pasos,
sin herirse, buscando aún más,
sin detenerse con nada,
con la vista en el mundo entero,
ella cruza la línea, sigue,
sin detenerse jamás,
por el camino inagotable.
Verla y retrocederla,
pasado y presente de una sola vez.
Sus pupilas brillan intactas,
su pelo revuelto, esa mueca en la mejilla,
y la enérgica sonoridad, revelándose,
desapareciendo, alejándose,
en lo alto, tan alto, más allá
de mí y de sí.
La altura de sus sílabas; tanto encanto,
entre sus manos, sobre las cuerdas;
es un recuerdo guardado
tras una puerta escondida.
Existe algún sentido
completo, escrito entre líneas,
abarcando la longitud del tiempo,
la lírica y los sentimientos,
que suben más y más,
hasta el final,
¡hasta colmarnos!
A Dolores O’Riordan.
Y a Noe.