Un sueño ya mío,
ninguna extrañeza,
lo ya conocido:
ahí estabas vos
eras mi mundo dormido.
Cambiamos de roles
en relación a lo vivido
hace unas horas:
Yo me dormía y vos
me mirabas.
En mi último reflejo
tomé tu mano,
lenta y suavemente.
Tomé tu mano
para no perderme...
-Estaba a salvo-.
Vos, mi refugio,
el divino lazo:
mi paz interna,
mi alma exterior...
Mi querida
canción.
A Noe.