Tarde nunca tarde,
donde las horas se quedan,
justas, en su genuina simpleza.
Hoy nos sirven de resguardo
y nos contemplan, ubicuas,
en todas las formas imposibles
que ya formamos, modificando así
la intensidad, lo claro, lo verdadero.
Nos transformamos en sonidos,
en destellos puros donde viajamos.
Y es ahí donde existo, donde soy mi ser.
Y me hallo en el viento adormecido,
en las flores también, en las risas dulces…
Esos sonidos blancos...
Sobrevivo, libro mi luz,
y salvo las vidas
que quiero vivir.
A Noe.