Offside cobrado.
Es curioso, quien hubiese imaginado
que el pibe que supo sostener una posición firme
por tantos años, iba a llegar tan lejos, tan alto,
con sus botines con barro,
y que sería él mismo quien termine con los pies manchados.
Fuera de juego,
es un offside bastante claro.
Es un offside bastante caro.
Hubiese sido más digno agarrar la pelota con la mano,
quedarse en su casa, encerrado,
no ir "a recibir el premio (castigo)"
y evitar ser utilizado.
O pudo tomarse su avión privado y volver a su rosario
o a cualquier barrio del planisferio.
Hubiesen sonado aplausos en todos lados.
Pudimos haberlo escuchado.
Eligió pasar de ser el pecho frío, al tibio,
y ahora a quemarse vivo,
escoltando y riendo junto a un acusado por genocidio.
Están los dos hundidos.
¿Qué pensarán los chicos?,
los suyos, los argentinos y los hijos de vecinos,
los más pequeños que lo tienen de ejemplo
y los crecidos que lo llevan tatuado...
Qué caso el de los ídolos.
Algunos lo están justificando.
Algunos prefieren no criticarlos,
no por respeto, no por lo que hizo;
por soberbios.
Digo esto y me la banco.
Hoy creo que perdimos demasiado.
Los argentinos somos un pueblito perdido
que necesita íconos para tener un rumbo claro,
para verse en el centro.
Da para largo.
La fama puede que no tenga precio,
pero el respeto tiene un costo mucho más alto.
Festejamos, nos alegramos y seguimos,
pero el honor no lo negociamos.
Queridos hermanos, amigos,
Siguiendo el juego,
no nos distraigamos.
Escrito a partir de la visita de Leonel Messi al salón oval de la casa blanca de EEUU, para recibir un premio con el Inter de Miami, por parte del genocida, pederasta y corrupto que tienen como presidente.
¿Hasta qué punto podemos hundirnos y después reivindicarnos?
¿Alcanza con quererlo?
¿Se puede hacer algo?