7.7.20

LA NUBE

Me dijeron que jamás se dibujará en aquel cielo,
la nube que yo imagino.

No quise escuchar. Decidí esperar
para ver,
pacientemente,
recostado, 
boca arriba,
sobre un colchón de pasto.

El viento, siempre inquieto, siempre aliado, abanicó, compinche, 
moldeando formas, las más posibles,
pero mi nube imaginaria no aparecía.

Esperé sin límite de tiempo.
Debajo mío, el césped fue creciendo, y me elevé hasta aquel cielo.
Ya frente al lienzo celeste, me puse de pie, valiente, y empecé a moverme,
frenético, pero nada pasó.
Pude haberme rendido ante el reloj, pero no.

La nube vio mi persistencia,
y finalmente comenzó a moverse por su cuenta.
Dio tantísimas vueltas, tantas, pero tantas que me perdí en la cuenta.

Dicen que esa nube ahora puede divisarse,
que aún moviéndose puede identificarse, 
desde cualquier punto de la tierra y desde todos los planetas.
Dicen incluso que puede verse hasta con los ojos cerrados.

Y es sorprendente, creer 
en algo tan fantástico,
en todos los milagros,
habidos y por haber,
existiendo.

¡Creé lo que quieras ver,
y eso vas a ver!


A María Micaela Pérez (Miral).

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