9.7.20

MISTERIOSO CASO

Él no encontró a nadie,
ella se dejó encontrar:
se miraron para encontrarse.

Ella no sabe
que él nunca fue un buen detective
y que a veces puede que sea un cobarde,
pero desde esos días se animó
porque algo le impartió mucho coraje.

Pero pudo haberse quedado
en el intento trunco,
en la sola mirada compartida,
en el poema primero,
y listo, pero no.
La buscó,
la buscó como pudo,
pero después fue ella quien auspició el encuentro
cuando respondió, 
(es lo que ella dice en su expediente).

Él usa sombreros de ala ancha,
y ella mira con sus grandes lupas.
Ahora se comparten sus pistas:
son un equipo bastante perfecto
para la investigación 
de los misterios
del romance
y sus efectos.


A María Micaela Pérez (Miral).

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