31.3.18

LAS CUERVAS

Me asedian, me acechan, 
fingen que no están, pero si están, 
y me observan, como cuervos ansiosos 
que esperan excavar las cuencas de mis ojos 
y rozarme los dedos con sus inmensas alas negras. 
Son ellas 
y su tenacidad, 
y van, 
carcomiéndome la carne de adentro hacia afuera, 
porque habitan mi cabeza desde mucho tiempo atrás, 
y van, revolviéndome la sangre cuando nada las libera 
de esta jaula calavera donde saben anidar, a su manera,
porque detestan la calma y me consta que es verdad. 
Y le dan con fuerza, como la piedra a un cristal, 
con la delicadeza que le es propia al huracán, 
y le dan, todavía más, no saben parar, 
me pican, me taladran con fiereza 
hasta poderme traspasar, 
para estar entre nosotros
y así podernos alterar.
¡Somos la presa 
de cada una 
de mis 
[ideas
[!

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