25.10.18

EL NIÑO Y EL FUEGO

Alguien se preguntó alguna vez cuántes niñes habrán respondido "¡yo, poeta!"
ante la pregunta:
¿Qué querés ser cuando seas grande?
Me refiero a quienes no tuvieron la influencia de sus padres o de personajes cercanes que le dijeran,
"tenés que seguir esta vocación",
"tenés que seguir esta vocación porque yo hubiese querido ser".

Me gustaría hoy volver a verme de frente y murmurarme:
"todavía no lo sabés, pero algún día vas a querer ser algo... inimaginable".
Me diría eso,
capaz sin escucharme detenidamente
desde el extremo infante.

Alguien sabe cómo hacer o puede llevarme hasta ese momento en el tiempo?
Es un toque nomás, voy y vuelvo...

Ahora de nuevo,
pienso en la contestación que yo di aquella vez en mi cuaderno...
No pensaba en ser empresario multimillonario, magnate, ¡subalquilar yates!,
algo que mueva mucha plata.
No me importaba.
Será capaz por eso que ahora soy pobre.

De chico pensaba en una profesión que sea noble, digna, importante:
...yo... quería ser bombero,
para salvar a la gente, apagar incendios:
Quería ser un héroe. Qué inocente.

¡Qué incoherente!
Ahora de grande pretendo sacudirte los cimientos,
dejarte sin aire,
prenderte fuego las mente con mis versos!

Si me pongo a analizarlo,
creo que no me estoy contradiciendo,
y tengo cómo argumentarlo:
a pesar de que llevan nombres diferentes,
poeta y bombero,
ambas vocaciones se parecen en lo ingrato,
¡PORQUE SOMOS NECESARIOS!
¡El compromiso está en lo que damos!

Y bueno.
A pesar de no poder yo volver
para decirme a mí de niño
ésto que te cuento,
creo, de alguna forma,
aún sin atravesar los calendarios pasados,
que así y todo,
me estoy escuchando.

No hay comentarios: