La tensión partió al
rayo
y los caballos
relincharon en el campo,
en mi nombre.
No había quedado
ni rastro del establo…
Pero mis potros son de roble
y me animaron a rearmarlo,
clavo por clavo,
golpe a golpe,
sin descanso,
hasta tenerlo preparado.
No hay sobresalto
que sea capaz de tumbarnos
en esta guarida noble,
al jinete y a sus caballos de palo.
2 comentarios:
¡Los poemas son tu ejército! (Nunca te olvides, nunca le aflojes) ;)
Así parece. ¡Gracias, Sara!
Publicar un comentario