Ella duerme por las noches
simulando descansar.
Si pudiera, yo creería,
nunca habría de parar.
Su condición de humana
no le impide nada,
ni volar, ni cambiar
de forma y de lugar.
¡Y al llegar a la mañana,
liberase a trochemoche,
su energía acumulada
en un alud de hechicería!
31.5.16
27.5.16
A LA MUJER DEL LIENZO
Puedo ser
un simple espectador
y mirarte la cara a través del marco.
El artista
que te pintó
semidesnuda,
sentada en esa cama
con el rostro oscuro,
que se inspiró con verte o te sacó de un sueño.
Un visitante,
que abre la puerta y entra despacio,
para encontrarte ahí, hundida en tus pensamientos.
Vos
y sentir el frío bajo los piés, la soledad y el silencio.
Yo, tu amante,
entrando al cuarto,
para terminar al fin con tu lamento.
A “Hotel room” de Edward Hopper.
Poema para el taller literario de Carla Demark.
y mirarte la cara a través del marco.
El artista
que te pintó
semidesnuda,
sentada en esa cama
con el rostro oscuro,
que se inspiró con verte o te sacó de un sueño.
Un visitante,
que abre la puerta y entra despacio,
para encontrarte ahí, hundida en tus pensamientos.
Vos
y sentir el frío bajo los piés, la soledad y el silencio.
Yo, tu amante,
entrando al cuarto,
para terminar al fin con tu lamento.
A “Hotel room” de Edward Hopper.
Poema para el taller literario de Carla Demark.
a las
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26.5.16
LA IMAGEN SOLA
Cada detalle cuenta
una parte de la historia.
En medio del cuadro,
el personaje
se veía reposando
en algún pasaje del pensamiento.
En ese cuarto de hotel, nadie la veía,
sentada en la cama de una plaza,
tan abstraída del contexto.
El foco puesto
en su mirada. Parecía
como si nada pudiera
moverla del lugar.
La imagen sola,
la voz en el papel
y la melancolía.
La luz encendida
en la pared
le ocultaba la cara,
o más bien, la contrastaba
con la habitación clara,
donde su mente rugía, en silencio,
a la soledad.
A “Hotel room” de Edward Hopper.
Poema para el taller literario de Carla Demark.
una parte de la historia.
En medio del cuadro,
el personaje
se veía reposando
en algún pasaje del pensamiento.
En ese cuarto de hotel, nadie la veía,
sentada en la cama de una plaza,
tan abstraída del contexto.
El foco puesto
en su mirada. Parecía
como si nada pudiera
moverla del lugar.
La imagen sola,
la voz en el papel
y la melancolía.
La luz encendida
en la pared
le ocultaba la cara,
o más bien, la contrastaba
con la habitación clara,
donde su mente rugía, en silencio,
a la soledad.
A “Hotel room” de Edward Hopper.
Poema para el taller literario de Carla Demark.
a las
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16.5.16
ANNATURA
La frescura innata
de sus verbos se fundía
con el aire, tan livianos,
tan sin cuerpo
como el polen; esparcidos
por el viento. De su sangre
nacen brotes
de literatura.
Y en la noche, la especie
los juntó en una sola imagen.
Lo inesperado. De repente
me invitaste a jugar un juego:
–Escribíme un verso–.
Y me entregué a las voces.
Nadé con los peces,
sembré los caminos,
hablé con los dioses,
noches y días,
hasta entender la vida
color escarlata.
Sensible mujer,
el verso y yo
te saludamos.
A Anna Laura,
la poeta transparente.
de sus verbos se fundía
con el aire, tan livianos,
tan sin cuerpo
como el polen; esparcidos
por el viento. De su sangre
nacen brotes
de literatura.
Y en la noche, la especie
los juntó en una sola imagen.
Lo inesperado. De repente
me invitaste a jugar un juego:
–Escribíme un verso–.
Y me entregué a las voces.
Nadé con los peces,
sembré los caminos,
hablé con los dioses,
noches y días,
hasta entender la vida
color escarlata.
Sensible mujer,
el verso y yo
te saludamos.
A Anna Laura,
la poeta transparente.
a las
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11.5.16
TEXTURAS
Se hacía de noche
y fue el guante del uniforme que visto
el que quebró cada candado entre mi voz y vos.
Signos, laberintos, se enredan en mis dedos
como serpentina:
son las fibras de la inventiva abriéndose paso,
moviéndose de lado a lado,
buscando ese camino que lleva hasta tu centro.
El día menos pensado,
las palabras, las texturas, no sólo serán mías,
y cuando lleguen hasta vos,
habré dejado un puñado de infinito entre tus manos.
y fue el guante del uniforme que visto
el que quebró cada candado entre mi voz y vos.
Signos, laberintos, se enredan en mis dedos
como serpentina:
son las fibras de la inventiva abriéndose paso,
moviéndose de lado a lado,
buscando ese camino que lleva hasta tu centro.
El día menos pensado,
las palabras, las texturas, no sólo serán mías,
y cuando lleguen hasta vos,
habré dejado un puñado de infinito entre tus manos.
a las
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