Cada detalle cuenta
una parte de la historia.
En medio del cuadro,
el personaje
se veía reposando
en algún pasaje del pensamiento.
En ese cuarto de hotel, nadie la veía,
sentada en la cama de una plaza,
tan abstraída del contexto.
El foco puesto
en su mirada. Parecía
como si nada pudiera
moverla del lugar.
La imagen sola,
la voz en el papel
y la melancolía.
La luz encendida
en la pared
le ocultaba la cara,
o más bien, la contrastaba
con la habitación clara,
donde su mente rugía, en silencio,
a la soledad.
A “Hotel room” de Edward Hopper.
Poema para el taller literario de Carla Demark.
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