no nos nublarán de vuelta.
vientos
soplaron
vientos
soplaron
el puente, la bienvenida,
quitándonos gravedad,
Voy a mover el suelo,
¡Buenos Aires!
(Canción)
Si pudiese traducir lo que dice el viento, a modo de subtítulo o de cuento, sé que apuntaría algo como esto:
“No intentes hablar por mí, te lo advierto... No hay manera de transcribir lo que tengo para decir.
Ningún pensamiento humano sobre el movimiento jamás pasará ni cerca del acto puro del IR.
Soy silbido del idioma incomprensible, empujón ineludible, fuerza invisible del sinlímite,
que escribe en el éter el sentido a seguir para moverse, finalmente, libres:
~Es por ahí~".
Desconfío.
Desconfío de todo acto que no me haga dudar, de los que sucedieron y sucederán.
Desconfío de los momentos que me encuentran decidido.
Desconfío de mi almohada cuando no me da aviso de que ya sonó la alarma del despertador.
Desconfío hasta de la ciencia por ser tan concreta, aunque el hecho de desconfiar no quite que la admiro.
Desconfío de los dioses del Olimpo, porque no se muestran diariamente descontentes, descendiendo de los cielos, viniendo para hacerse unos cuántos buenos líos.
Desconfío de, quien creyente, en su fanatismo, pierde la habilidad especial de desconfiar.
Desconfío de los métodos educativos de las escuelas que enseñan siempre con los mismos libros.
Desconfío de todo ser vivo que no haya seguido el proceso evolutivo a través de los siglos hasta haber adquirido la capacidad de volar.*
Desconfío del fósforo ya usado, totalmente quemado que dejé horas y horas, apoyado en la mesada, después de encender la hornalla, porque no lo doy por extinguido, porque concibo la posibilidad de que en un descuido queme la casa, porque sé que todavía guarda, de alguna forma, no sé cómo, un fuego dormido.**
Desconfío del sentimiento tibio que por miedo, se queda en el medio, y por eso pierde el colorido.
Desconfío del gris en el sentimiento.
Desconfío del río cuando obedece a un único sentido, no como el mar, que lleva pero también trae. En el mar, un poco confío.
Desconfío de todo eso que no se puede tocar.
Desconfío de todo instrumento musical que nunca haya sonado conmigo, soñado conmigo.
Desconfío de toda persona que me genere una cuota de confianza.
Desconfío de los locos, y desconfío de mí mismo.
Desconfío hasta de las piedras, de las que se niegan a soltarse, hasta volverse arena.
Desconfío de la creencia de que el abismo no puede ser un lugar tranquilo.
Desconfío del regalo que no sea compartido,
y es por eso
que te obsequio
estas palabras
de alabanza
a la desconfianza.
En realidad no soy tan desconfiado como aparento, pero acepto que se pueda desconfiar también de eso, y es más, confío en que así sea.
Este poema trata acerca del poder de considerar las posibilidades. Siempre. En todo.
*Se podría decir que confío también en los mosquitos, al momento previo de tirarles Raid.
Por favor, vos, cuidate de los mosquitos, este verano.
**Quemar un fósforo completo, de una sola vez: Encender un fósforo, ponerlo horizontal, cuando pase la mitad, tomarlo del otro extremo, esperar a que se complete el acto del incendio. Cada vez que hagas eso, habrá poesía.
Te pido que me ignores,
no escuches este silencio ensordecedor,
no intentes caber en el completo vacío,
no te metas a esta saturación,
no me obedezcas nunca.
Me dicen que estoy loco por desatar tanta cordura.
Todo concuerda.
Cuando me convertí en el máximo exagerador del mundo,
fundé mi propia sociedad personal,
secreta, escondida a simple vista,
donde no fui admitido por ser considerado
desconsiderado ¡e impredecible!
¡Qué insulto más amable!
Traigo conmigo lo no-poseíble.
Regalo perdición, altibajos,
y contradicciones afines.
La poesía me dio lo inconcebible,
con sus verdades, falsamente ciertas,
difusiones difusas, incomprobadas e
incuestionables, aunque discutibles,
la exactitud de todos los misterios,
la vaguedad de todas las certezas,
superando, así, lo inalcanzable.
Te confieso lo manifiesto:
Hallo satisfacción en el inconformismo,
produzco incomodidad porque es mi confort favorito.
En este sin parar irregular,
de calma arrasadora,
la lágrima feliz, solloza, trovadora.
Por agridulce que sea lo tragicómico,
amamos odiar
los dolorosos placeres.
Mis ajen@s,
con esta gran humildad que poseo,
con intrincada precisión, les expreso
este fastidioso entretenimiento,
a riesgo, seguramente,
a pesar de elevar
el grado de susceptibilidad de les eufemistas,
me declaro un descarado,
que se jacta del simple acto
de poetizar,
de una manera o de otra,
de estar
en pos de ir en contra.