24.11.25

SALIMOS

Esos planes que me aportan divertimento.
Esta semana me vi yendo:
• a dos recitales,
• a una obra de teatro,
• a un partido de polo.
• Tuve dos juntadas con amigas,
• una cita
• y una cena en familia.

Según el orden de los hechos:
Lunes, después del trabajo, salimos a merendar por San Telmo.
El martes fui a Niceto.
Lo que pudo ser un bodrio terminó siendo un festejo.
Hicimos pogo como en los viejos tiempos.
El espíritu de aquel adolescente sigue metido en este cuerpo, confirmo.
El miércoles anduve por la zona del abasto,
fui a hacerles el aguante a mis ex compañeres de teatro.
Después fuimos a comer. Terminé semi-friendzoneado en un palier.
El jueves fui a ver a mi operado perro. Me dolió verlo todo compungido.
Traté de acompañarlo, no me despegué del piso.
Este canino se lleva una parte de mis rezos.
Me empapé a la idea y después en el regreso.
En el bondi de vuelta, el bondi tenía una gotera en el techo. Por suerte tenía el piloto.
Pero parecía metido en sketch tonto.
Lo confirmé cuando el colectivo se quedó clavado a unas 30 cuadras antes de casa,
haciéndome dudar si caminar o esperar, mientras iba perdiendo minutos invaluables de sueño.
El viernes fui con Fede a un bolichito que me habían pintado que era un antro.
El lugar terminó siendo decente y hasta diría, refinado.
Ahí me encontré con un querido maestro a quien admiro muchísimo,
charlamos un rato largo y tendido, y me acercó nuevos consejos.
"Viví la peli", "hermoseala (a la música)",
eso me dijo.
"¿Puede ser que te mudaste de barrio?"
¡Cómo no quererlo! ¡Cómo no apreciarlo!
Estas son veces que me hacen sentir menos lejos de mí mismo.
Recibí obsequios de otro de estos capos, (Fer querido),
y también, lecciones desde el escenario:
técnicas para tocar el bajo y otros vericuetos.
El sábado no me acuerdo qué hice.
El domingo a la tarde pintó partido de polo.
Elegí un equipo y tuve la suerte de que hayamos ganado.
Después nos fuimos a mi barrio para poder beber tragos a precios más baratos que en Palermo.
Como bonus track. Lunes de nuevo,
fui a un cumpleaños en la casa de la familia de un músico reconocido.
Nos juntamos con amigos. Tomamos buenos vinos y comimos.
Después pintó zapada.
Pensé que no me iba a dar la cara, pero se ve que ya estaba desinhibido.
Empecé tocando un cover de una banda que pidieron y después un tema mío, (Catalejos).
Inevitablemente, nos pusimos a bardear.
Improvisamos un tema de Maná, el muelle de San Blas, pero con una letra nueva.
En un momento de la velada nos hicimos retar,
porque tocábamos la guitarra de una manera un poco descuidada
y nos pidieron lavarnos bien las manos para no ensuciarla.
Yo de antemano venía haciendo caso, pero igual ligué el reto.
Por otro lado, la anfitriona de la casa me vio capaz de hacer algo nuevo,
algo que todavía no hice, pero que pienso saldar. (Continuará).
Seguimos charlando a rolete, descontracturando. Nos exhibimos.
Resultó ser que todo el mundo tenía fotos en bolas de otra de las presentes personas.
Torta porno de cumpleaños con un número raro, (el doscientos cincuenta y cinco).
Para cerrar la noche, nos deprimimos con un cover inglés, quizás el más covereado en el último siglo.
Lo interpretamos y lo destruímos, a drede, por completo.
Curiosamente, mi falsete se vio favorecido por el efecto del vino.
Estuvo divertido.

Abrazo este camino lírico,
con las salidas de la propia rutina,
compartiendo con buena compañía,
el valioso tiempo
y el dinamismo.

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