13.5.20

VENDAVAL DE CORAS

Es de noche. Creí que era de noche, hasta que levantaste el techo como si fuera la tapa de un tupper, iluminando desde el borde. Y te ví, llegando con la luz. Creí que quizás ya estaba soñando, o que se trataba del brillo de la pantalla de este celular en mi habitación a oscuras con alguna notificación, pero no. Eras vos, boicoteando mi plan de dormirme. Me alegré tremendamente al verte, pero si te soy sincero, admito que dudé en salir vestido con estas fachas. Me extendiste la mano, la tomé y nos fuimos volando en lo alto, en un huracán de emojis de corazones. Ahí estaban la mayoría de ellos: el rojo, el azul, el blanco, el verdecito, el amarillo, el rosa con brillo, el que se hace más grande, el que late, el de la flechita, y no sé si también ví un tomate por ahí, todos girando como si estuviesen en ua especie de lavarropas. Mientras, vos y yo subíamos como en un ascensor sin suelo. En ese momento te volví a advertir lo que pasaría si me mordieses. Y yo no sé si fuiste vos, o ese sticker que guardé de vos, o ese sticker tan tuyo del gatito que se muerde la mano, o quién, pero sentí que alguien me mordó un cachete... ¡E identifiqué tus dientes! No lo dudé ni un momento, y en tres movimientos bien certeros yo te mordí a vos, la pera, la oreja y la ceja, (tal y como te lo advertí en una de nuestras conversaciones). Me miraste y lejos de enojarte, te reíste y me abrazaste. Y pensé: "ella es demasiado buena para ser real... no debe ser humana, pero tampoco creo que sea de afuera. Para mí que es un poema".


A María Micaela Pérez (Miral).

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