Vengo a contarles algo, eso que nadie sabe:
Los niños están bien, sanos y salvos.
Sin embargo, ustedes, quienes fracasaron en su engaño...
debieron haberme dado aquello que acordamos.
Incumplieron nuestro trato y serán sancionados.
Para su mala suerte, seré la peste, la muerte, el tirano,
el castigo.
Seré recordado y odiado.
Pero no reniego.
Por otro lado,
espero sepan entender que en aquel acto,
que mal llamaron 'despiadado',
les evité pasar por el calvario
y les mostré un mejor camino
con nuevos sonidos
a les infantes.
¡Ahora ustedes,
preparen sus oídos!
Inspirado en "El flautista de Hamelin".
Final alternativo.
2 comentarios:
“Sin embargo, -escribe Browning en la traducción hecha por Graciela Montes- el Flautista cambió de rumbo y, en lugar de dirigirse hacia el sur, se encaminó hacia el oeste y rumbeó hacia la colina de Koppelberg, con los chicos siempre pegados a la espalda. Todos se sintieron aliviados. Pero sucedió que, al llegar al pie de la montaña, se abrió de par en par un portal maravilloso, como si de pronto hubiese surgido una caverna. El Flautista avanzó y los niños lo siguieron. Y cuando habían entrado todos, hasta el último, la puerta se cerró de golpe”.
V. (...) ¡Y así entró la figura más extraña! (...) Era mitad amarillo y mitad rojo,
(...) sin patilla en las mejillas, y sin barba en el mentón, y labios donde las sonrisas iban y venían (...)
VI. Él se aproximó a la mesa del Consejo: y dijo, “Con permiso Su Señoría, yo estoy capacitado, a través de un hechizo secreto, para atraer a todas las criaturas que viven bajo el sol (...)"
(El flautista de Hamelin (fragmento de poema), de Robert Browning).
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