30.9.19

LOCOMOTOR

Pueden pasar mis trenes
por la mirilla de tu puerta,
¡y lo harán!

Pueden pasar mis trenes, sin engaños:
como arena, desarmarse, y rearmarse al otro lado.
Pueden ser como fantasmas que atraviesan la materia,
como las medias reaparecen sin decir en dónde estaban.

Y avanzan, infames,
tuercen rieles
y se zafan.
Traspasan andenes
y hasta el plano en donde fueron diseñados.

Señalan tu casa y se mandan
sin mirar a los costados,
como caballos drogados
sin pensar en usar freno de mano.
Suben por tus brazos, desesperados,
y se inmolan en tu frente como suicidas japoneses.

Y pasan, definitivamente,
a tu anhelada morada...
Y duermen en tu cama,
y pulverizan tus muebles,

mientras lapiedraaplastaalpapel,
elpapelenvuelvealatijera
y latijeracortaalapiedra.

Un barco navega en la bañera,
una hoguera se enciende bajo el agua,
una playa se extiende en la terraza,
un sol se eleva en tus orejas,
una metralla estalla entre tus dientes,
un mar descolla en tu inconsciente
y un gran convoy te estrella con la fuerza de titanes.

Hago una pausa...
Giro la puerta y abro la llave.

Todo eso pasa,
mientras pasan
mis trenes
por la mirilla
en tu cabeza.

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