28.5.17

SERLASER

Es preciso centrarse,
no dejarse llevar,
ponerse a pensar,
dejarse de joder.
Enfocarse,
concentrarse,
lanzar el poder
como un rayo láser.
Intentar
e intentar,
sin frustrarse,
hasta acertar.
Eso hay que hacer. 

18.5.17

HAIKU: REPRODUCIENDO

No adelantemos,
que las canciones suenen
una por una…


Buen viaje, Chris Cornell.

16.5.17

POESÍA SANGRANTE (SANGRO)

Puedo sangrar con facilidad:
Si me cortás la cabeza, sangro.
Si me apuñalás despacio, sangro.
Si me rozás por casualidad, sangro.
Si me imaginás sangrando, sangro.
Si me invitás una cerveza, sangro,
(pero igual la acepto).
Si te veo pasar, sangro.
Si te oigo hablar, sangro.
Si me golpeás la puerta, sangro.
Si me quitás más piezas, sangro.
Si despertás al poeta, te prometo
que puedo teñir de roja esta ciudad
con la sangre que brote de mi cuerpo.
Sangro de felicidad y sangro de pesar.
Sangro tan sólo por el hecho de pensar.
Sangro porque de esta forma yo no muero.
Sangro y me desangro simplemente porque quiero.
Sangro porque mis vasos sanguíneos están llenos.
Sangro y ruego porque mi cuerpo aguante ésto.
Sangro y juego a pintar el suelo con los dedos.
Sangro porque sangrar es hoy mi forma de contar.
Sangro porque tengo el "hábito maldito" de sangrar. 

12.5.17

LAMUCALABÉ

LA Obra
MÚSICA Risueña
CALMA Poseélas
A Hechizos
LAS Encanté
BESTIAS Obedezcan


El mito de Orfeo, inspirado en.
“Música delenit bestiam feram”.
(Poema iluminado)

9.5.17

UN AVE AZUL

Nacer de nuevo, 
la ceniza me volvió a formar. 
Todo el horizonte espera por mí, 
me espera el sol: 
¡Que empiece el vuelo!

Un ave azul 
incendió 
con su color el sentimiento universal. 

(Canción)

4.5.17

ADJETIVA

Audaz,
multifacética,
delicada,
generosa,
agraciada,
auténtica,
bella,
talentosa...
Diría más,
pero
los adjetivos
sobran
ante tanta
perfección.
Ella
es verbo,
sustantivo
y oración.


A Audrey Hepburn. 

3.5.17

EL HOMBRE DE TAURED

Crucé la frontera y no hubo forma de volver.
Los viajantes me llamaron a mí “El hombre de Taured”,
como si se tratara de algo extraño. No lo pude entender.
Tampoco nadie pudo explicarme lo que vendría después...

Fue un vuelo como cualquiera.
Como de costumbre, dormí una larga siesta:
había puesto un abrigo debajo de mi cabeza,
y tuve un sueño vivo que rozaba la demencia.

Al llegar, recuerdo que palmeé mi cara para despabilarme.
Caminé despacio fuera del avión, busqué mi equipaje,
mientras pensaba en las tareas que ocuparían la tarde,
sin sospechar que nada sería otra vez como fue antes.

Me acerqué a la recepción y mostré mis documentos:
El personal los revisó... y comenzó a verse algo inquieto.
Llamó a las autoridades. Lo re-chequearon y me dijeron
no había registros de mi país... que no existía para ellos.

Debe haber algún modo de esclarecer esta situación,
les dije. Presenté mi pasaporte y la identificación,
puse mi dedo en el mapa, les mostré la ubicación
de Taured, pero ninguno en esa oficina, me creyó.

Y comenzaron a cuestionar cada una de mis palabras,
creían que era parte de una gran farsa elaborada.
Yo también tuve esa idea... Nadie entendía nada.
Pensé también que no desperté bien a la mañana...

Después de darle vueltas y más vueltas a este caso,
me llevaron hasta un hotel y me mantuvieron encerrado
hasta que alguien pudiese esclarecer qué estaba pasando.
Supe que nada pasaría, así que desaparecí sin dejar rastro.

Ahora, lo que nunca nadie supo es lo difícil que fue continuar:
tuve que aceptar la idea de que ya no había manera de regresar,
que nadie entendería en absoluto esas cosas que tuve que pasar
y que no hay lugar en el mundo al que llamaré otra vez “mi hogar”.


Inspirado en la leyenda urbana de “el hombre de Taured”.