En este territorio hostil,
no me hallo,
nunca me hallé,
ni voy a hallarme.
Los años me enseñaron
que es de suicida
izar la bandera blanca
en el tiempo de las armas.
Aprieto más mis manos.
Me niego,
me rebelo
ante los soldados.
No intento camuflarme
con los tonos del paisaje,
no voy a traicionarme.
Pero no sé por cuánto
voy a poder
soportar los golpes
sin que se me agote
la sangre. Puedo
cauterizar mis nervios
si hace falta,
para aplacar el dolor.
Si es que
el alma me aguanta.
Pero puedo también
desaparecer, sí,
soy consciente de eso.
Puedo entrar
en la lista de los caídos
en combate,
pero no sin antes
jurarme algo:
que no voy a soltar
nunca, jamás,
este trapo blanquecino,
el que defendí,
defiendo ¡y defenderé
con mi vida,
toda la vida,
hasta el cansancio!
26.4.17
24.4.17
20.4.17
9.4.17
OURA BOROS
Muerdo
la piedra,
acaricio
la llama,
alimento
a la bestia
que encierra
a la jaula.
¡Precioso
afuera!,
¡es hora!,
la oí decir
al salir.
Jadea
y se ríe.
Se acerca;
algo se trae.
Nunca se sabe
que está por hacer:
Quizás se tranquilice
cuando lance su ataque.
La indomable creatura
no entiende palabras,
no sabe este idioma.
No resulta sencillo
poder entenderla.
Encontré la forma
y aprendí su lengua:
clamando el rugido
y soltando su soga.
Ese grito salvaje,
impredecible,
ondulante,
resuena
hasta
acá.
¿Oís
su voz
poderosa?
Bestia gritona,
nunca parés,
gritá, seguí.
La bestia
glotona
se come
el hambre.
Todo devora
en pos del arte:
deglute personas,
le gusta la carne.
Me tiro a su boca
a modo de ofrenda.
La bestia se llena,
se contorsiona
y se excita.
Acaricia
la llama.
Acerca
montañas.
La bestia
que habita
en la prisión
de mis costillas.
A la serpiente Uróboros.
la piedra,
acaricio
la llama,
alimento
a la bestia
que encierra
a la jaula.
¡Precioso
afuera!,
¡es hora!,
la oí decir
al salir.
Jadea
y se ríe.
Se acerca;
algo se trae.
Nunca se sabe
que está por hacer:
Quizás se tranquilice
cuando lance su ataque.
La indomable creatura
no entiende palabras,
no sabe este idioma.
No resulta sencillo
poder entenderla.
Encontré la forma
y aprendí su lengua:
clamando el rugido
y soltando su soga.
Ese grito salvaje,
impredecible,
ondulante,
resuena
hasta
acá.
¿Oís
su voz
poderosa?
Bestia gritona,
nunca parés,
gritá, seguí.
La bestia
glotona
se come
el hambre.
Todo devora
en pos del arte:
deglute personas,
le gusta la carne.
Me tiro a su boca
a modo de ofrenda.
La bestia se llena,
se contorsiona
y se excita.
Acaricia
la llama.
Acerca
montañas.
La bestia
que habita
en la prisión
de mis costillas.
A la serpiente Uróboros.
a las
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5.4.17
LA CABALLERÍA
La tensión partió al
rayo
y los caballos
relincharon en el campo,
en mi nombre.
No había quedado
ni rastro del establo…
Pero mis potros son de roble
y me animaron a rearmarlo,
clavo por clavo,
golpe a golpe,
sin descanso,
hasta tenerlo preparado.
No hay sobresalto
que sea capaz de tumbarnos
en esta guarida noble,
al jinete y a sus caballos de palo.
y los caballos
relincharon en el campo,
en mi nombre.
No había quedado
ni rastro del establo…
Pero mis potros son de roble
y me animaron a rearmarlo,
clavo por clavo,
golpe a golpe,
sin descanso,
hasta tenerlo preparado.
No hay sobresalto
que sea capaz de tumbarnos
en esta guarida noble,
al jinete y a sus caballos de palo.
a las
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