Me regocijo de música, música
extraordinaria, aunque repetible;
bajo una luna, luna de oro,
donde la opacidad del tiempo
se desintegró por completo.
Ya en el salón de los ases,
donde se entremezclan
autores, siglos, pasiones.
El verso y el instrumento:
los amores.
Aquel maestro poeta,
aquel escritor infinito
visitó alguna vez
este mismo sitio.
¿Habrá creado, quizás,
algún elocuente escrito
desde este lado de la mesa?
Artes. Signos. Síes. Gestos.
Son aquellos,
los que se entregan
a la misteriosa noche,
los que descubren
un brillante camino
en el dorado horizonte.
Poema traído del bar 'Homero Manzi',
bar que Jorge Luis Borges supo visitar.