Y en los rincones suenan rezos con tos.
No es tos,
y no parece gripe.
Hoy nadie toma frío.
Cuando el malabarista manco cruzó el tablón,
después del show,
se despintaron las caras,
pero no la suya, y tampoco la mía.
A la memoria se le da bien lo de decir mentiras,
por la indefensión aprendida,
para no estar tan nerviosa.
Y los palos siguieron golpeando en el escenario.
Ahora, ¿quién carajo se va a hacer cargo,
si el malabarista ya se llevó hasta el talento en sus bolsillos?
Algo se cortó hace rato:
Se popularizaron las flores de utilería.
Te las pusieron en la mesa,
con tu nariz y tus orejas,
y no te diste cuenta.
Al final, le quitaron hasta las ruedas
al camión de caudales.
Lo desguazaron, y se repartieron
todas las monedas.
Eran de plástico,
pero con eso fueron llenando una heladera.
Tan poco típica
está esta era de partidas:
Mucha fichas lisas, tantas falsas fichas negras.
Una estampita en la billetera,
la muletilla en el hocico,
banderas de trapo viejas,
flamean, flamean.
Salen a la calle.
La comitiva está de gira.
La espuma de la birra tiene tierra.
Chapean, chapean.
Receta popular,
el plato del fanatismo,
la gracia de la idiosincrasia.
La fábula de la alacena.
El diario de los lunes,
de taquito, futurología,
figurita repetida.
El malabarista vaticina cómo esto termina
y nos comparte la teoría,
pero todavía no tenemos puta idea
de cómo se despide a los artistas e ídolos.
Nunca fue sencillo justificar las faltas.
No y lo querían,
(al fenómeno masivo),
pero ahora se lo llevan,
sin querer ser menos.
El indio,
su reino
y el caretaje.
¡Carcajeaste!
Quien lo hubiese dicho antes:
El jarabe, para tanta gente,
era el aguante.
Al Indio Solari.
Y toda la calaña parasitaria, a la de hoy, la siguiente y la de antes.
Quienes me conocen saben que, si bien me asocio al mundo del rock, nunca fui un ricotero. Pero hoy no puedo evitar escribir algo relacionado a la partida del Indio Solari, este músico tan emblemático para la cultura de mi país.
Esto es lo que tengo para decir, siguiendo un poco un código poético un poco enrevesado. Sabrán entender este formato.


